El Carnaval del Noroeste Argentino (que abarca las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La RiojA) es una de las manifestaciones culturales más antiguas, auténticas y profundas de América del Sur. A diferencia de las celebraciones de estilo europeo o litoraleño centradas exclusivamente en el espectáculo de comparsas y corsódromos, el carnaval andino es un acto colectivo, ritual y sagrado donde toda la comunidad participa en igualdad de condiciones.
1. Origen e Historia: Un Sincretismo Milenario
La historia de esta fiesta se remonta a más de 500 años. Antes de la llegada de los conquistadores españoles, los pueblos originarios de la región (omaguacas, diaguitas, calchaquíes y atacamas) realizaban ritos agrícolas a finales del verano para agradecer a la Pachamama (Madre Tierra) por la maduración de los frutos, las cosechas de maíz y la fertilidad del ganado.
Con la colonización española y la llegada de los misioneros católicos durante los siglos XVI y XVII, las autoridades intentaron imponer el calendario litúrgico previo a la Cuaresma. Sin embargo, en lugar de borrar la tradición originaria, ambos mundos se fusionaron dando origen a un sincretismo religioso y cultural único: el carnaval católico se transformó en la excusa festiva para canalizar el culto a la Madre Tierra y al ciclo de la naturaleza.
2. El Mito del Pujllay (El Diablo del Carnaval)
El gran elemento central del carnaval norteño es el Pujllay o Diablero. Lejos de representar la figura del mal del cristianismo, en la cosmovisión andina el Pujllay es un espíritu de alegría, desenfreno, fertilidad y libertad que habita bajo la tierra durante todo el año.
La festividad inicia oficialmente con la ceremonia del Desentierro del Carnaval:
- El Mojón: Las comparsas y vecinos se dirigen hacia el mojón (un cúmulo sagrado de piedras ubicado en las afueras del pueblo).
- La Chaya: Se rinde homenaje a la Pachamama ofreciéndole cigarrillos, hojas de coca, chicha y bebidas alcohólicas.
- Aparición del Diablo: Entre cohetes y gritos de alegría, se "desentierra" un muñeco que representa al Pujllay. A partir de ese momento, los hombres del pueblo vestidos con trajes llenos de espejos, lentejuelas y máscaras encarnan a los diablos y descienden de los cerros bailando al compás de la música.
3. Música, Elementos y Vestimenta
El sonido del carnaval del NOA es inconfundible. Está marcado por instrumentos autóctonos como las quenas, anatas, sikus, erkes y el bombo legüero, junto a charangos y guitarras. Las bandas interpretan ritmos tradicionales como el *carnavalito*, la cueca norteña, el bailecito y las coplas improvisadas por los copleros y anateros.
Entre los elementos indispensables que acompañan el festejo se destacan:
- El Talco y la Harina: Se arrojan en la cara de los festejantes para blanquear los rostros y borrar las diferencias de identidad, edad y clase social.
- La Albahaca: Ramitas de albahaca fresca colocadas detrás de las orejas o en los sombreros como símbolo de perfume, fertilidad y enamoramiento.
- Las Serpentinas y el Agua: Utilizadas para "chayar" (rociar y bendecir) a las personas, casas y vehículos.
4. Expresiones por Provincia
- Jujuy (Quebrada de Humahuaca y Puna): Es el corazón místico del carnaval. Destacan los festejos en Tilcara, Humahuaca, Purmamarca y Maimará, marcados por las comparsas tradicionales y la bajada de los diablos desde las sierras.
- Salta (Valles Calchaquíes y Capital): Combina las carpas copleras tradicionales en Cafayate y Cachi con los corsos de la capital, donde desfilan las míticas *agrupaciones de incas* vistiendo plumas y gorros monumentales.
- La Rioja (La Chaya): Fiesta vinculada a la leyenda del árbol del Pujllay y la niña Chaya. Se caracteriza por el uso masivo de harina y ramitos de albahaca en multitudinarias peñas.
- Catamarca y Tucumán: Conservan las célebres comparsas de Valles Calchaquíes y Amaicha del Valle, coincidiendo con la histórica Fiesta Nacional de la Pachamama.
5. El Entierro del Carnaval
Finalizados los días de celebración, el Domingo de Tentación se lleva a cabo el Entierro del Carnaval. La comunidad vuelve marchando hacia el mojón en un clima de resignación y melancolía. El muñeco del Pujllay es enterrado nuevamente bajo tierra junto a miles de ofrendas (hojas de coca, bebidas, alimentos) para que descanse hasta el año siguiente.
Al sepultar al diablo, la calma retorna a los pueblos andinos, cerrando el ciclo sagrado de la cosecha e iniciando el período de abstención y reflexión previo a la Pascua.